¿Puede una máquina ser titular de derechos de autor o de una patente?

septiembre 2021

La pregunta, cuanto menos, capta nuestra atención. En plena cuarta revolución industrial o Industria 4.0, esta es una cuestión que ya estaba tardando en formularse.

Como ya estamos más que habituados a escuchar, esta revolución está marcada por la aparición de las nuevas tecnologías entre las que destacan: la robótica, la inteligencia artificial, las tecnologías cognitivas, la nanotecnología y el IoT (Internet de las cosas), entre muchas otras que están por venir.

Todas estas tecnologías tienen una estrecha relación con el amplio mundo de la Propiedad Intelectual ya que gracias a ellas se ha conseguido avanzar a niveles asombrosos en innovación. Esto es tan real como que la gran mayoría de nosotros tenemos en nuestros domicilios algún aparato u objeto que funciona con alguna de estas tecnologías y que, por supuesto, han sido idea y creación de una mente humana.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando no solo participa el ser humano en estas creaciones o invenciones? En este punto es importante distinguir dos cuestiones en relación con la PI, por un lado, los derechos de autor, y, por otro lado, las patentes.

Una de las tecnologías que más fuerza ejerce en relación con estos dos ámbitos de la PI es la Inteligencia Artificial. En este sentido, no son pocos los expertos que ya han empezado a teorizar sobre una nueva relación entre el ser humano y las máquinas más dirigida a la colaboración, en lugar de a la prevalencia del primero sobre el segundo. Y esto en base a que la IA puede ser una herramienta tan válida como lo es un pincel, solo que, con unas pinceladas (valga la redundancia) un tanto más amplias por lo que se refiere a la protección legal de la obra.

El uso de la inteligencia artificial en el campo creativo plantea muchas preguntas: cuestiones jurídicas como la autoría, la cuestión del uso responsable de la tecnología, o cuestiones fundamentalmente sociales como la definición del arte y la creatividad. 

Robots artistas y criptoarte

Hace tan solo unos meses, una robot humanoide llamada Sophia vendió en una subasta de los Estados Unidos una obra de arte por valor de 689.000 dólares (580.000 euros). Esta obra, que más bien criptoarte, ha sido única y exclusivamente creada por esta “robot artista”.

En respuesta a la pregunta: ¿cómo es posible que un robot haya pintado una obra de arte? La respuesta es la siguiente: antes de que “Sophia” comience a dibujar, la robot utiliza sus cámaras de ojo y pecho para tomar una foto del sujeto u objeto en cuestión. Posteriormente, convierte esta foto en un boceto y lo traduce en líneas en un espacio tridimensional. Para terminar, realiza el dibujo en un caballete especial adaptado a su brazo calibrado. Y listo, la obra de arte ha sido creada.

En este caso, sin olvidar que hablamos de criptoarte, la obra ha sido vendida a través de un NFT. Os recordamos a este respecto nuestro artículo acerca del arte y los NFT.

Por otro lado, si nos vamos a la India, recientemente la propia IA ha sido declarada co-autora de una obra protegida por derechos de autor. En este caso, se trata de una pintura inspirada en el arte de Van Gogh y creada (en exclusiva) por un programa informático llamado “RAGHAV”. Aunque dicha decisión, tomada por parte del Comité Permanente del Parlamento de la India, todavía puede ser impugnada, ya es un hecho que existe la probabilidad de que esto comience a suceder de aquí en adelante.

No obstante, y aunque es cierto que todavía no existe ninguna ley que reconozca –hasta la fecha– la autoría de una obra a la Inteligencia Artificial, tampoco hemos de olvidar que nos encontramos en la era del machine learning”,lo cual supone que las máquinas puedan llegar a tomar y ejecutar decisiones propias, mediante procesos asimilables al pensamiento humano.

¿Y qué pasa con las invenciones objeto de patente?

Actualmente, tampoco las máquinas pueden ser, legalmente hablando, consideradas inventoras. No obstante, si sabemos que esto es así es porque alguien ya lo ha intentado. Este es el caso de DABUS.

DABUS es un dispositivo y método para el arranque autónomo de la sensibilidad unificada (device and method for the autonomous bootstrapping of unified sentience, por sus siglas en inglés). Se trata de un sistema de IA creado por el Dr. Stephen Thaler, un inventor y experto en IA estadounidense. El creador la define como “una maquina programada como una serie de redes neuronales artificiales que han sido entrenadas con conocimientos generales de diferentes campos, para crear de manera independiente una invención”. Llegando incluso a reconocer aquello que ya existe de cara a la novedad requerida para la invención, lo que conocemos como el estado de la técnica en el mundo de la PI.

Sin embargo, tras intentar su creador que DABUS fuese considerado el titular de una patente ante la EPO y ante la UPSTO, ambos organismos consideraron que esta característica (y derecho) solo le corresponde a una persona física. En principio, resulta lógico, ya que, al estricto amparo de la ley, una máquina, per se, no puede ser sujeto de derechos y obligaciones. En todo caso, podría valorarse la posibilidad de que lo fuese una persona jurídica.

No obstante, y dado que la cuestión se suscita cada vez más, la Comisión Europea y otros grupos de interés, valoran la posibilidad de la creación de una normativa ex novo para este tipo de conflictos que la cuarta revolución industrial nos está dejando caer.

En un primer momento, este debate puede sonar en cierto modo insólito, pero tampoco contábamos hace seis años (2015) con que las personas jurídicas fuesen a tener personalidad jurídica y hasta responsabilidad penal y ello ya es una realidad más que asimilada.

Eduardo Zamora | Sara del Río