Derechos de autor en Europa y América Latina: qué son, cuánto dura su protección y cómo se heredan

marzo 2021

Podría decirse que los derechos de autor son la base de la Propiedad Intelectual en su conjunto, definida por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) como todas aquellas creaciones de la mente: invenciones, obras literarias y artísticas, así como símbolos nombres e imágenes utilizados en el comercio, protegidos jurídicamente por el derecho de PI.

Si bien, los derechos de autor, a diferencia de las marcas y las patentes, siempre han sido objeto de tratamiento por otros sectores profesionales ajenos al derecho. Por ello, es conveniente realizar una aproximación jurídica sobre qué entendemos por derechos de autor en el ámbito iberoamericano.

En la terminología jurídica, nuevamente la OMPI es la encargada de facilitarnos el significado de los derechos de autor, definiéndolos como aquellos que se utilizan para describir los derechos de los creadores sobre sus obras literarias y artísticas.

AHORA BIEN ¿QUÉ OBRAS SE PRESTAN A LA PROTECCIÓN POR DERECHO DE AUTOR?

El Convenio de Berna, que data su redacción inicial en 1886, es el Convenio para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas al que están adheridos la cifra de 179 países y, en su artículo segundo, nos explica que:

Los términos «obras literarias y artísticas» comprenden todas las producciones en el campo literario, científico y artístico, cualquiera que sea el modo o forma de expresión, tales como:

  • los libros, folletos y otros escritos;
  • las conferencias, alocuciones, sermones y otras obras de la misma naturaleza;
  • las obras dramáticas o dramático-musicales;
  • las obras coreográficas y las pantomimas;
  • las composiciones musicales con o sin letra;
  • las obras cinematográficas, a las cuales se asimilan las obras expresadas por procedimiento análogo a la cinematografía;
  • las obras de dibujo, pintura, arquitectura, escultura, grabado, litografía;
  • las obras fotográficas a las cuales se asimilan las expresadas por procedimiento análogo a la fotografía; [y]
  • las obras de artes aplicadas; las ilustraciones, mapas, planos, croquis y obras plásticas relativos a la geografía, a la topografía, a la arquitectura o a las ciencias.

Todas estas creaciones de la mente son las que el derecho de Propiedad Intelectual, bajo la figura de los derechos de autor, se encarga de proteger, y además, sin necesidad, a nivel obligacional, de proceder al registro de las mismas en el correspondiente organismo encargado de la protección en los distintos países. Es decir, la legislación protege las obras desde el momento de su creación – se trata de una protección automática – de modo que el reconocimiento de los derechos de autor no requiere de un registro obligatorio; no obstante, sí muy recomendable.

PERO ¿CUÁNTO TIEMPO DURA LA PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS DE AUTOR?

Una de las cuestiones que más dudas les suscita a los creadores de cualesquiera de las obras anteriormente mencionadas, es cuánto tiempo les concede la Ley para la protección de sus obras. Y la respuesta, aunque no es unánime en todos los países, sí que hay un punto en el que todos coinciden, y es: toda la vida del autor. A partir de ahí, la duración de la protección varía en función del territorio.

Encabeza el ranking MÉXICO, cuya duración de la protección de los derechos de autor es de toda la vida del autor, más 100 años después de su muerte.

Seguido de HONDURAS, en donde la duración de la protección es de toda la vida del autor, más 75 años después de su muerte.

En la UNIÓN EUROPEA, URUGUAY, COSTA RICA, CHILE y ARGENTINA la duración de la protección es de toda la vida del autor, más 70 años después de su muerte (y lo mismo ocurre en los Estados Unidos).

Y, en la COMUNIDAD ANDINA (BOLIVIA, COLOMBIA, ECUADOR, PERÚ) la duración de la protección es de toda la vida del autor, más 50 años después de su muerte.

Y, ¿QUÉ PASA UNA VEZ QUE HA TRANSCURRIDO DICHO PLAZO?

O, dicho de otra forma, ¿cómo y quiénes heredan los derechos de autor? Antes de responder a esta pregunta conviene aclarar que los derechos de autor abarcan dos tipos de derechos:

  • los derechos patrimoniales, que permiten que el titular de los mismos obtenga compensación económica por el uso de sus obras por parte de terceros; y,
  • los derechos morales, que protegen los intereses no patrimoniales del autor, es decir, los derechos personalísimos a través de los que se busca salvaguardar el vínculo que se genera entre el autor y su obra, en la que este expresa su personalidad. Por lo tanto, estos derechos son irrenunciables e intransferibles y, en consecuencia, como tal, no se pueden heredar, a excepción del «pero» que veremos a continuación.

Dado que, una vez fallecido el autor no puede ser él mismo quien defienda sus derechos morales, la legislación permite autorizar a ciertas personas para que ejerzan las facultades propias de dichos derechos. De este modo, a diferencia de los derechos patrimoniales, cuya herencia se rige por la sucesión «mortis causa» como con cualquier otro bien que la persona fallecida pudiera dejar en herencia (una casa, dinero, deudas…) a repartir según la legislación vigente de cada país en función de si existe o no testamento, los derechos morales, como decíamos, no se heredan como tal, sino que pasan a ejercerse por la persona que el autor haya designado por disposición de última voluntad. Esto quiere decir que puede ser cualquier persona en quien el autor haya decidido confiar, sin importar que forme o no parte su familia y sin que la legislación le obligue a que sea ninguna persona en concreto. No obstante, en caso de no haber designado a nadie, el ejercicio de estos derechos si que corresponderá a sus herederos y, en última instancia, al Estado, Corporaciones locales y/o las Instituciones de carácter cultural.

Sin embargo, obviamente estos derechos heredables – los patrimoniales – no duran para siempre, y es que, una vez transcurrido el período legalmente establecido por la legislación en concreto de cada territorio, las obras pasan a dominio público. Es decir, cualquier persona podría utilizarla sin necesidad de solicitar licencia alguna, siendo el objetivo permitir el acceso a la sociedad a dichas obras como expresión de la cultura.

Es lo que ha ocurrido este pasado año 2020, por ejemplo, con el caso del famoso poeta Antonio Machado, cuyas obras han pasado al dominio público tras haber transcurrido el tiempo legalmente establecido después de su muerte. Y no son pocas las genialidades literarias que este poeta nos ha dejado para que las disfrutemos, y para que, de aquí en adelante, podamos utilizarlas, porque como él mismo dijo: “Hoy es siempre todavía”.

Eduardo Zamora / Sara del Río